704

1. Sunset Boulevard es otra calle cualquiera sin árboles.

2. El 704 hasta Santa Mónica me recuerda a un esfínter de metal y huesos repleto de minutos.

3. Un hombre se sube al autobús y me mira.

El 704 es un número cualquiera lleno de personas cualquiera.
Somos tiempo.
Sé que el hombre está detrás de mí pero no me atrevo a girar la cabeza. Imagino una gaviota estampándose contra el cristal. Imagino una gaviota viva en mi barcaza de madera después de diez días sin comer.

Beverly Hills es un nombre de puta.

La palabra puta es la más antigua.

Dos mexicanos hablan por hablar. No necesitan conocerse porque comparten idioma y destierro. Color de piel y olor a McDonalds.

Aquí no llegan los refugiados. En Beverly Hills sólo hay putas y hombres que nunca han viajado en el 704.

4. Dónde estará mi gaviota tuerta.

Una mujer en silla de ruedas arrastra una bolsa de basura y come palitos de queso sin parar.

Procuro no mirarla.

Recreo la mirada del hombre y me tiembla la vagina.

Ilusa.

El mexicano se duerme sobre su papada. En Westwood ya no hay indígenas. Es un bosque cualquiera sin árboles.

El 704 es un viaje hacia el océano porque somos gaviotas miserables que cantan en silencio.

Lincoln ave con 6th street.

Me bajo y busco desesperada los ojos duros del hombre. El amor se estampa contra la ventanilla.

5. Rebota la luz que me abandona.

Santa Mónica fue santa por aguantar al puto de su marido y cuidar de sus hijos en Algeria.

Santa Mónica hubiera limpiado baños en Beverly Hills. Santa Mónica hubiera hervido la gaviota pero yo tan sólo puedo imaginarla roja como un músculo limpio.

De repente veo al hombre palpitando en la acera y me tiembla la vagina. Ha debido bajarse después de mí. Sigiloso como un maníaco obsesivo. Como un hombre enamorado.

Me mira pero yo no sé mirarle.

No dudo de las palabras, pero se me atragantan las plumas y me digo que la soledad es mejor que intentar la música.

Cruzamos.

Somos dos animales cualquiera que nada comparten.

Los dos sabemos que podríamos follar como locos en esta ciudad de palmeras transgénicas.

Pero plumas.

Vomito blanco sobre el paso de cebra al ritmo de sus botas sucias mientras me ahoga la posibilidad de adelantarlo. Paralelas eléctricas en medio de la carretera.

6. La soledad es una sonrisa cruzando el puente del viento congelado.

A Santa Mónica se le debieron quebrar los labios al séptimo invierno. No se puede suplicar el calor de un beso.

Esta soledad es silencio entre los coches minúsculos.

Es una gaviota muda chillando.

7. No se puede suplicar a un cuerpo el calor de la palabra.

Le adelanto.

La palabra es una distancia que ya no deseo apresurar con la necedad de todo aquello que no sea extraordinario.

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