ARIZONA

Después de San Diego decidí que ya iba siendo hora de dejar la costa por un rato, y me fui al desierto. En apenas unas horas pasé de estar rodeada de océano a perder mis ojos en un horizonte lleno de cactus. Pasé una noche en Phoenix (aunque no estaba en mis planes). Resulta que dos días antes, en el Little Italy Farmer´s Market, una señora me pidió un poema y me contó que su hija improvisa haikus con una máquina de escribir. Me puse en contacto con ella y para mi sorpresa, Charissa Lucille, vivía en Phoenix. Yo iba en esa dirección y dije, bueno, pues habrá que ir a conocerla. Después de 9 horas llegué a esta horrible ciudad y pasé una maravillosa noche con Charissa y su novio. Me llevaron a cenar, me dejaron ver una peli en su casa y al día siguiente me acercó a una tienda de segunda mano después de invitarme a desayunar tostadas con huevos revueltos y bacon para que me comprara un abrigo porque me dijo que en Flagstaff estaba nevando. ¿What? ¿Nevando? Yo le hice caso porque parecía saber de lo que estaba hablando.

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Charissa tiene cara de saber lo que dice. Y de hecho cuando llegué a Flagstaff hacía un frío horrible. Y había nieve por todas partes. Me acordé mucho de ella mientras me ajustaba el abrigo y me dije a mí misma que tengo mucha suerte. Siempre conozco a gente maravillosa, como a Tim.

Tim fue mi couchsurfer en Flagstaff. Me quedé en su casa tres días. Le escribí un poema a su hija con la palabra océano. La casa de Tim estaba al lado de la carretera que iba hasta el Gran Cañón así que me levanté muy temprano y me salí con unos guantes y con un cartel que había dibujado la noche anterior para hacer autostop. La hija de Tim me dejó sus rotuladores. A los 15 minutos ya me encontraba dentro del coche de unos daneses dirección “Grand Canyon”. Estuvimos paseando todo el día alrededor del cañón y la verdad que es lo que más me ha gustado de todo mi viaje por Estados Unidos. Ese paisaje de 80 millones de años se quedará grabado en mi memoria el resto de mi vida. Es casi imposible imaginar que esas grietas rojas en la tierra estuvieron llenas de océano alguna vez. Es majestuoso.

 

Al día siguiente me llevaron a Sedona, otro lugar increíble donde las formaciones rocosas han adquirido formas anormales. Probablemente debido a la erosión del viento aunque también se escuchan teorías conspirativas sobre extraterrestres y cosas por el estilo. No sé. Yo me sentía como una india apache llena de plumas de colores cabalgando sobre mi yegua enloquecida. Y eso que me dolía la rodilla.

 

 

Vamos. Que estuve tres días en Arizona sin poder creérmelo. Pero así fue. Y me fui de allí casi sin darme cuenta. En otro autobús Greyhound que me alejaba de todo lo conocido para depositarme una vez más en un lugar extraño y hostil. Y este lugar era Las Vegas. Porque así soy yo. Voy de un extremo al otro. De un paraíso natural donde reina el silencio del viento a una ratonera llena de casinos en medio del desierto.

Pero es que así es divertido.

 

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