LOS BISONTES QUE NUNCA SE EXTINGUIERON

Hace un mes y medio, cuando todavía estaba en la costa este de Canadá, encontré el perfil de Leo Downey en workaway y su rancho de búfalos en medio de las montañas rocosas en la Columbia Británica. Aquellas fotos eran fragmentos de un paraíso bruto y sin pulir. Un lugar que no está apartado del bullicio contaminado de nuestro rastro pues son las mismas ciudades las que huyen de este silencio. No saben cómo afrontar las montañas. No es compatible.

Vi este perfil y me dije a mí misma que tenía que ir así que le escribí pero no recibí respuesta vía workaway. A los pocos días le escribí a sus página web directamente y me dijo que sí, que podía ir a ayudar al rancho (a cambio de casa y comida) por dos o tres semanas en julio.

 No sabía cómo iba a llegar a La Columbia Británica… ni siquiera había pensado cruzar a la otra parte del país, pues desde Montreal a Golden BC hay 3.800 kilómetros (como desde Marid a Moscú aproximadamente). Pero yo tenía que ir a ese lugar. El contacto con estos animales ancestrales era imperante y todavía lo es. ¿Qué importa la distancia? La distancia es una oportunidad para estar con nosotras mismas. La distancia es una manera de ganar tiempo.

La forma más barata de llegar allí era haciendo bla bla car (unos 175 dólares canadienses) pero claro, son 40 horas de viaje. Entonces has de dormir en moteles o acampar lo cual no era un problema, aunque sí un gasto añadido. Pensé en que hacer la ruta en coche debía ser bonito pero todo el mundo me dijo que precisamente esa parte central del país es llana y que tampoco hay mucho que ver.

Yo quería distancia y tiempo pero al final opté por coger un avión desde Toronto a Calgary que me costó unos 330 dólares canadienses. Conseguí hacer ese dinero en dos días en las calles de Toronto trabajando especialmente por las noches… Noches urbanas en medio de la vorágine de ruidos confusos y torpes. De personas perdidas, u otras personas sin tiempo, como mi amigo Pilippe, que me observó durante las dos noches sin pedirme un poema.

A los pocos días me fui de las ciudades para no volver a la costa Este.  Atravesé el país y estuve un tiempo trabajando con caballos, una de las mejores experiencias que he tenido hasta ahora. Y por fin, después de algunas semanas, aquí estoy, en Golden BC en el Rancho de Búfalos y apenas sé cómo ha sucedido ni por qué. No necesito saberlo. Tan sólo sentir, que es la única forma de conocimiento que conozco.

Una vez un hombre me dijo que si me dejaba llevar por mis sentimientos en la vida, las cosas me iban a ir muy mal porque los sentimientos no son fiables y que si esa es mi manera de hacer las cosas entonces me queda mucho que aprender.

Yo le contesté que él también tenía mucho que aprender.

Aquí la vida es tranquila. Trabajo por las mañanas en lo que haga falta junto con otros dos voluntarios. Cortamos el césped, talamos madera, arreglamos el jardín o ayudamos en los tours con los búfalos. Una de las tareas que estoy haciendo es pintar de nuevo los carteles del rancho y me encanta porque es una manera de meditar. Antes, cuando la infancia era un universo, mi madre me llevaba los sábados a clases de pintura, y cada vez que cojo una brocha o huelo el olor a acrílico o aguarrás una máquina del tiempo me transporta a una realidad que no está extinta, y mi muñeca derecha reconoce el movimiento de aquella brocha tan lejana. Y los dedos lo hacen todo. Mi mente calla y la madera es presente.

Pero volvamos a los seres sagrados que habitan en esta tierra intacta. El término búfalo fue empleado con posterioridad para denominar al bisonte americano, así que los llamaré por su nombre originario, que proviene del latin (bison) y hay dos especies: El bisonte de planicie y el bisonte de bosque, que es el que está aquí en esta parte de Canadá.

Los bisontes son animales sociales. No les gusta estar solos, de hecho cuando los separas de la manada se ponen muy nerviosos porque básicamente piensan que van  morir. Las manadas pueden llegar a ser de unos 70 miembros. Los viajeros del ferrocarril que atravesaba Estados Unidos de Este  Oeste cuentan que a veces se veían obligados a parar durante dos o tres día debido a las hordas de bisontes que eran tan grandes que se perdían en el horizonte. Se sabe que la población de bisontes en Norteamérica era de 60 a 100 millones, pero tras la llegada de los ingleses a la costa Este estas cifras comenzaron a bajar estrepitosamente ya que las pieles podían venderse a precios altísimos y la pulverización de los huesos se vendía para fertilizante de la tierra. En 1890 tan sólo quedaban 750 ejemplares.

Afortunadamente el zoológico del Bronx mantuvo una de las manadas y pudo introducir bisontes en el Parque Nacional Yellowstone además de otras reservas naturales, siendo la actual población de unos 350.000 ejemplares.

Los bisontes eran animales sagrados para los nativos de Norte América ya que de él se podía obtener no sólo carne sino pieles para el invierno y útiles para fabricar armas y herramientas a partir de sus huesos. Cuentan la leyenda que los indios respiraban el último aliento del bisonte justo antes de morir pues deseaban adquirir sus virtudes.

Los bisontes pueden parecer animales torpes y lentos pero pueden correr más rápido que un caballo los primeros 400 metros. Viven una media de 25 años pero se sabe de una hembra que vivió 46 años… Son bastante agresivos y rara vez saldrán corriendo ante los depredadores. El macho dominante no le teme a nada. Leo nos cuenta que el mayor depredador es el lobo, pero los lobos tardan unos 7 años en aprender a cazar al bisonte, ya que tienen que conseguir que estos corran para así poder separar a uno de la manada. Aquí en Golden no tienen problemas aunque hay lobos y pumas, además de oso por la zona pero no atacan  los bisontes.

El macho dominante de este rancho tiene 4 años, se llama Chester Junior y es enorme. Pero seguirá creciendo probablemente hasta alcanzar el doble de su tamaño actual lo cual es bastante increíble ya que ahora pesa unos 800 kilos.

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Chester Junior tiene mucho pelo en la parte frontal de su cuerpo y es muy oscuro y abundante. Estos son signos del macho dominante y sirve para asustar al resto de machos. Aquí este ejemplar no tiene rivales ya que Leo mata al resto de machos cuando estos alcanzan unos dos años y medio. Es en este momento cuando los machos comienzan a pelear y Chester acabaría matándolos. A veces Leo vende algún macho para reproducción. Él hace todo el proceso, desde matar al animal, despellejarlo y luego llevarlo al carnicero. Parte de la carne se la queda él que le dura todo el año y el resto es para la vente y consumo local. En circunstancias normales estos machos serían expulsado de la manda y quizá volverían años después para desafiar al macho dominante. Las hembras son muy protectoras con sus crías y más pequeñas. Se las reconoce por sus cuernos que son ligeramente distintos y sus cabezas más estrechas.

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Con respecto a este lugar, llevo ocho días y tan sólo puedo decir que podría vivir entre estas montañas eternamente. Desde la ventana de mi caravana de madera puedo escuchar el sonido del río y ver el bosque y las montañas, incluso a veces veo a los bisontes pastando. Por las noches, si no hace demasiado frío, dejo el tragaluz abierto y observo las estrellas hasta quedarme dormida. He creado con tan sólo unas flores, unas piedras y una lámpara un espacio para mí en mitad del bosque, lo cual es todo un privilegio.

Para terminar os comparto un vídeo de Leo Downey haciendo fuego con materiales que todos podemos encontrar en el bosque (incluso se puede fabricar una cuerda).

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  1. que maravilla Tania!!! Un saludo!! Alejo. 🙂

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  2. Ah!!! y sigue siempre tus emociones!!!

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