ARTE BI-HEMISFÉRICO

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Miguel Valdivielso (Madrid, 1986) más conocido como Honevo, comenzó a desarrollar el concepto de arte Biónico y arte Bi-Hemisférico alrededor de 2010, un proyecto que siete años después se ha convertido en un acercamiento sólido y atrevido a la fusión entre Arte y Naturaleza, encontrando ambos conceptos nuevas formas de ensamblaje y actuación. El estudio de la naturaleza por parte del artista lleva siendo el epicentro de la creación durante milenios. La necesidad del ser humano por describir la naturaleza y plasmarla en un soporte ha sido probablemente el inicio de toda manifestación artística, desde las pinturas rupestres hasta las performance o audiovisuales de nuestra era. De hecho, ¿es posible separar Arte y Naturaleza?

Durante las últimas décadas y gracias a las nuevas tecnologías, los artistas han podido experimentar no sólo con nuevos materiales sino también con el sonido, la imagen cinética, las ideas y conceptos y se han ido alejando poco a poco de la naturaleza como centro de la obra, una visión humanista y clasicista que ha ido perdiendo protagonismo dentro de las inquietudes contemporáneas y las necesidades de los artistas por abordar el arte desde todos sus vértices. Muchos de estos conceptos, que se alejan de lo estrictamente material y figurativo en la representación artística, no son nuevos en la historia del Arte. Ya en 1917 Marcel Duchamp revolucionó al público con su readymade La Fontaine (un orinal fechado y dotado de título y autoría colocado en un pedestal) en el que cuestionaba qué era exactamente el Arte, qué valor tenía el objeto artístico y si ese valor dependía estrictamente del artista o del espectador. Por aquellos años ya se estaba desarrollando el Fauvismo quebrando las concepciones tradicionales del uso del color en el lienzo; el Cubismo de Braque y Picasso, que rearticulaba la traducción pictórica de la forma filtrando los objetos con caleidoscopios que no son más que nuestros propios ojos y nuestras infinitas maneras de mirar; así como el arte abstracto de Wasili Kandisnki despertó nuevas realidades visuales y morfológicas que se alejaban de lo estrictamente natural. Estos primigenios movimientos vanguardistas rompieron con todo lo anterior (aunque para mí el gran revolucionario y pionero fue Cézanne, maestro postimpresionista que abrió las puertas hacia el desarrollo de un Arte nuevo con el exhaustivo estudio de la forma a través del color). Más tarde vendría el Futurismo, corriente nacida en Italia con la figura de Marinetti que se alimentaba de la adoración a las máquinas y del desarrollo imparable de las ciudades basado en un cinetismo cada vez mayor que derivaba de los apresurados ritmos de la vida urbanita.  Los expresionismos también traerían idiosincrasias nuevas, muy marcados por las consecuencias de las dos guerras mundiales, así como el surrealismo que tuvo un dendrítico desarrollo no sólo a nivel pictórico pero también literario, donde destacan los pintores españoles Remedios Varo o Salvador Dalí.

   ¿Dónde queda la naturaleza entre todos estos escenarios? Todos estos movimientos parecían haber dejado la naturaleza de lado, o en caso de abordar dicha temática, lo hacían desde un segundo plano siendo los principales temas a tratar por el artista los efectos de los inventos modernos y con ello me refiero al crecimiento incontrolable de las ciudades, el impacto de la tecnología, la guerra, las armas, la proliferación industrial, la producción en masa y todo el efecto que este caos en cadena causaba en la mente humana.

El mundo moderno continuaría por despertar nuevas propuestas que reafirmarían la convicción de que un nuevo escenario ocupaba la mente de la mujer y el hombre contemporáneo, como el comienzo del arte conceptual y los combines en la década de los 50 con Rauschenberg donde el objeto urbano y cotidiano deviene material artístico fusionándose con el espacio pictórico y saliéndose del mismo, ideas que más tarde desarrollaría el estimulante Joseph Kosuth con su estudio del continente y el contenido (un objeto es también lo que significa; la definición de martillo en el diccionario es lo mismo que una fotografía de un martillo). Otro movimiento de gran repercusión sería el Pop Art de Andy Warhol que en la década de los 60 se nutrió del Dadaísmo y de artistas como Rauschenberg, Duchamp, Max Ernst o Man Ray para abordar la realidad del consumismo, ¿el arte como producto o el producto como arte?, la cultura popular y la conmoción  que causaban las celebridades en el ámbito público. También la fotografía llevaba muchas décadas dando pasos agigantados desde aquellas primeras fotografías de los escenarios urbanos de Alfred Stieglizt  hasta la fotografía feminista de Cindy Sherman, y pronto el minimalismo cambiaría por completo la manera en la que el objeto artístico se relacionaba con el espacio, pero no un entorno natural sino normalmente en espacios cerrados, habitables o expositivos.

No sería hasta la llegada del Land Art cuando el artista retoma la naturaleza como elemento imprescindible para seguir desarrollando esta dualidad entre entorno y objeto artístico y sobre todo, nace un nuevo concepto: el Arte como algo efímero. Todo es perecedero, nada dura para siempre ni siquiera las pirámides de Egipto o el Monumento del Monte Rushmont (el cual se estima que será la creación humana que más perdurará a lo largo del tiempo). En 1970 Robert Smithson creo la espiral Jetty en el desierto de Utah, una obra que criticaba la comercialización del Arte devolviéndole importancia al proceso de creación más que al resultado final, que acabará por desaparecer en el tiempo. Ya no interesaba plasmar la naturaleza en un soporte sino usar la naturaleza misma como soporte y espacio de creación a través de sus propios elementos.

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Una de las artistas más destacadas de los años 70 es la cubana Ana Mendieta, creadora del concepto Earth-body art. Esta artista usaba la naturaleza y su cuerpo como material y soporte al mismo tiempo, fusionando ambos hasta dar con una intrigante unidad terráquea y uterina en el que el cuerpo regresa al vientre materno y a sus raíces. Un arte feminista en el que el cuerpo de la mujer en su primitiva desnudez se convierte en protagonista (rememorando las pinturas rupestres y el uso de pigmentos naturales), pero también su rastro, su huella y su silueta. El cuerpo ya no es cuerpo sino una parte más del todo que conocemos como naturaleza y el impacto del ser humano en la naturaleza debería ser únicamente este, el de nuestro cuerpo devolviendo a la tierra la energía que nos fue dada.

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Dentro de todo este potente legado, el arte de Honevo parte de la saturación objetual y cuestiona la realidad de nuestro tiempo con respecto a la relación que tenemos con la naturaleza y el entorno así como la influencia de los materiales que nos rodean y de aquellos que ya apenas forman parte de nuestra vida cotidiana, y lo hace desde un punto de vista absolutamente global. El arte Bi-Hemisférico nace de la necesidad de abordar la creación artística desde las consecuencias del impacto medioambiental de los seres humanos sobre el planeta y todos los seres vivos que en él habitan. El arte Bi-Hemisférico aborda la creación artística mediante el uso de todos aquellos materiales que compiten con lo artificial o exclusivamente procesado por el ser humano a diferencia del arte Biónico, que utiliza elementos orgánicos, o como lo llama Honevo: “un arte vivo”. El arte Bi-Hemisférico ha de entenderse como una necesidad holística hacia el entendimiento de la fusión entre arte y naturaleza que engloba todas sus posibilidades a través del uso de fósiles, cortezas, plantas, imanes, piedras o cualquier elemento que provenga de la tierra sin pasar por nuestras manos.

Dentro de la producción de Honevo encontramos los Organic Paintings donde prima el uso de ramas y raíces integradas en el lienzo. Como vemos la pintura se ha convertido en una herramienta secundaria sobre el lienzo dentro de esta tradición pictórica que se apropia del lienzo como soporte. Ahora, el material predominante es un elemento orgánico y perecedero que nos lleva a cuestionarnos qué papel ocupa el mundo vegetal en nuestra percepción estética y cuáles son las barreras que nos impiden considerar a las plantas como elementos artísticos de nuestro entorno.

Otras de las propuestas de Honevo son Bionic Mirrors (una metáfora clara de cómo virar la mirada no hacia nosotros mismos sino hacia el lugar de dónde venimos) y los Magnetic Paintings, donde el cuadro se convierte en un soporte interactivo ya que los imanes pueden moverse invitando al espectador a formar parte de la obra y a tomar conciencia de nuestra influencia activa tanto en la creación artística como en el entorno natural, y trasladando la categoría de objeto artístico a aquellos objetos cotidianos de nuestro día a día como ya hizo Duchamp en su momento, sólo que esta vez el artista nos invita a que nosotros nos convirtamos en creadores.

Siguiendo estas dos líneas donde los imanes y las plantas interactúan de manera cinética, Honevo también ha desarrollado una mezcla de ambos conceptos (Bionic Photography) en las que utiliza pequeños soportes de plástico  imantados en los que se puede verter agua y colocar una planta o esqueje dotando de movilidad al conjunto, ya que se puede deslizar a través del soporte. Considero que el hecho de que Honevo haya elegido el plástico como material no es ninguna coincidencia. Es una manera de resaltar nuestra abusiva producción de plástico y  desechos y que ante todo, las plantas y los seres vivos han de volver a ocupar el primer lugar dentro de nuestra escala de valores y sobre todo, de nuestra realidad cotidiana.

Especies en peligro de extinción, mascarillas para respirar por culpa de la contaminación, pequeñas plantas que nos inundan de vida y nos devuelven a nuestra condición orgánica, la cual implica movimiento y cambio, tomar conciencia. Honevo quiere que reintroduzcamos nuestro origen en este arte vivo y que lo entendamos como parte de nosotros. Que empaticemos y abramos los ojos ante la evidencia de todo el daño que causamos al planeta y de que los recursos no son inagotables.

Además de estas propuestas, Honevo realiza videoarte, performance, Bionic dance (danza con plantas) y está interesado en trasladar estos conceptos a la moda (en su web se pueden ver ejemplos de sombreros y zapatos que integran las mismas cápsulas que sus cuadros donde se pueden introducir plantas). También ha escrito un Tratado sobre el Arte Bi- Hemisférico en el que habla de su percepción filosófica acerca de este arte nuevo que nos llevaría, indudablemente, a armonizar naturaleza, ecología y preservación con la actividad humana en todos sus ámbitos, no únicamente en el ámbito artístico, y así volver a la unidad natural de la que venimos.

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El hecho de que Honevo haya escrito un tratado de Arte es un acto no solamente literario y pedagógico sino también un acto de retorno, casi anacrónico. Los humanistas, como Vitruvio, Alberti o Leonardo recurrían a los Tratados para estructurar, explicar y entender las leyes de las Bellas Artes desde un formalismo incluso científico y a la vez didáctico, pero no hemos de olvidar que lo hacían siempre desde una perspectiva antropocéntrica. Lo que Honevo propone con su Tratado es volver a la imperante necesidad de estudiar las Teorías del Arte y los principios de la Estética como se hacía en la Antigüedad pero desde un punto de vista planetario, en el que el hombre deja de ser el objetivo de estudio para que el arte, la naturaleza, los seres vivos y el planeta, se entienden como lo que realmente son: una unidad indivisible.

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