EL DESIERTO

Perú, septiembre 2012

Uno de los primeros viajes que hice en Perú fue a la Reserva Nacional de Paracas y sus alrededores. Comenzamos en la Ciudad de Ica, donde pasé algunos días en el oasis de Huacachina, un lugar donde las dunas se suceden como transparentes visiones y el cielo y la arena apenas se distinguen. Recuerdo que pensé muy seriamente en lo que supondría adentrarme en aquel desierto y avanzar hasta morirme de sed.

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Durante nuestra estancia en la laguna, también fuimos a las líneas de Nazca, unos geoglifos que debieron crearse entre el 200 a.C. y el 600 d.C. (período en que se desarrolló la cultura Nazca en el desierto más árido del mundo). Crearon más de 800 figuras geométricas, animales y humanas, siendo la teoría más aceptada el uso de cuerdas para no desviarse. Tuve la suerte de poder montarme en una avioneta y hacer estas fotografías aunque la experiencia no fue tan agradable ya que, como siempre (y es que yo soy una criatura del mar y sus profundidades), me mareé muchísimo y casi vomito encima del piloto. Resulta imponente pensar que después de tantos siglos estas marcas siguen aquí, y sobre todo, por qué las hicieron para ser vistas desde arriba. Muchos aseguran que para ser contempladas por los dioses, otros por visitantes de otros planetas. Nunca lo sabremos, pero lo que sí podemos ver es que incluso hicieron una pista de aterrizaje.

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Por último, visitamos la Reserva Nacional de Paracas, un lugar insólito, desolado y amarillo. Vasto el paisaje, inmenso el espacio inanimado. Era tan descomunal que no sabía dónde empezaba la imagen que tenía ante mis ojos ni dónde acababa, como si hubiera más de 360 grados: ¡qué posibilidad tan fantástica! La arena roja se desconchaba, sedimentos como recuerdos prehistóricos. Y luego las Islas Ballestas, ese Pleistoceno viviente donde tan sólo faltaban pterodáctilos devorando pequeños cetáceos por los alrededores. En realidad sí había dinosaurios ya que los pelícanos son animales prehistóricos, como los tiburones. Estamos rodeados de antigüedad y apenas nos damos cuenta. Durante la excursión a las islas, donde había miles de pájaros sobrevolándonos, nos contaron un poco sobre la valiosa industria del guano (excremento de ave) y su cualidades energéticas.

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Islas Ballestas:

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