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ARTE BI-HEMISFÉRICO

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Miguel Valdivielso (Madrid, 1986) más conocido como Honevo, comenzó a desarrollar el concepto de arte Biónico y arte Bi-Hemisférico alrededor de 2010, un proyecto que siete años después se ha convertido en un acercamiento sólido y atrevido a la fusión entre Arte y Naturaleza, encontrando ambos conceptos nuevas formas de ensamblaje y actuación. El estudio de la naturaleza por parte del artista lleva siendo el epicentro de la creación durante milenios. La necesidad del ser humano por describir la naturaleza y plasmarla en un soporte ha sido probablemente el inicio de toda manifestación artística, desde las pinturas rupestres hasta las performance o audiovisuales de nuestra era. De hecho, ¿es posible separar Arte y Naturaleza?

Durante las últimas décadas y gracias a las nuevas tecnologías, los artistas han podido experimentar no sólo con nuevos materiales sino también con el sonido, la imagen cinética, las ideas y conceptos y se han ido alejando poco a poco de la naturaleza como centro de la obra, una visión humanista y clasicista que ha ido perdiendo protagonismo dentro de las inquietudes contemporáneas y las necesidades de los artistas por abordar el arte desde todos sus vértices. Muchos de estos conceptos, que se alejan de lo estrictamente material y figurativo en la representación artística, no son nuevos en la historia del Arte. Ya en 1917 Marcel Duchamp revolucionó al público con su readymade La Fontaine (un orinal fechado y dotado de título y autoría colocado en un pedestal) en el que cuestionaba qué era exactamente el Arte, qué valor tenía el objeto artístico y si ese valor dependía estrictamente del artista o del espectador. Por aquellos años ya se estaba desarrollando el Fauvismo quebrando las concepciones tradicionales del uso del color en el lienzo; el Cubismo de Braque y Picasso, que rearticulaba la traducción pictórica de la forma filtrando los objetos con caleidoscopios que no son más que nuestros propios ojos y nuestras infinitas maneras de mirar; así como el arte abstracto de Wasili Kandisnki despertó nuevas realidades visuales y morfológicas que se alejaban de lo estrictamente natural. Estos primigenios movimientos vanguardistas rompieron con todo lo anterior (aunque para mí el gran revolucionario y pionero fue Cézanne, maestro postimpresionista que abrió las puertas hacia el desarrollo de un Arte nuevo con el exhaustivo estudio de la forma a través del color). Más tarde vendría el Futurismo, corriente nacida en Italia con la figura de Marinetti que se alimentaba de la adoración a las máquinas y del desarrollo imparable de las ciudades basado en un cinetismo cada vez mayor que derivaba de los apresurados ritmos de la vida urbanita.  Los expresionismos también traerían idiosincrasias nuevas, muy marcados por las consecuencias de las dos guerras mundiales, así como el surrealismo que tuvo un dendrítico desarrollo no sólo a nivel pictórico pero también literario, donde destacan los pintores españoles Remedios Varo o Salvador Dalí.

   ¿Dónde queda la naturaleza entre todos estos escenarios? Todos estos movimientos parecían haber dejado la naturaleza de lado, o en caso de abordar dicha temática, lo hacían desde un segundo plano siendo los principales temas a tratar por el artista los efectos de los inventos modernos y con ello me refiero al crecimiento incontrolable de las ciudades, el impacto de la tecnología, la guerra, las armas, la proliferación industrial, la producción en masa y todo el efecto que este caos en cadena causaba en la mente humana.

El mundo moderno continuaría por despertar nuevas propuestas que reafirmarían la convicción de que un nuevo escenario ocupaba la mente de la mujer y el hombre contemporáneo, como el comienzo del arte conceptual y los combines en la década de los 50 con Rauschenberg donde el objeto urbano y cotidiano deviene material artístico fusionándose con el espacio pictórico y saliéndose del mismo, ideas que más tarde desarrollaría el estimulante Joseph Kosuth con su estudio del continente y el contenido (un objeto es también lo que significa; la definición de martillo en el diccionario es lo mismo que una fotografía de un martillo). Otro movimiento de gran repercusión sería el Pop Art de Andy Warhol que en la década de los 60 se nutrió del Dadaísmo y de artistas como Rauschenberg, Duchamp, Max Ernst o Man Ray para abordar la realidad del consumismo, ¿el arte como producto o el producto como arte?, la cultura popular y la conmoción  que causaban las celebridades en el ámbito público. También la fotografía llevaba muchas décadas dando pasos agigantados desde aquellas primeras fotografías de los escenarios urbanos de Alfred Stieglizt  hasta la fotografía feminista de Cindy Sherman, y pronto el minimalismo cambiaría por completo la manera en la que el objeto artístico se relacionaba con el espacio, pero no un entorno natural sino normalmente en espacios cerrados, habitables o expositivos.

No sería hasta la llegada del Land Art cuando el artista retoma la naturaleza como elemento imprescindible para seguir desarrollando esta dualidad entre entorno y objeto artístico y sobre todo, nace un nuevo concepto: el Arte como algo efímero. Todo es perecedero, nada dura para siempre ni siquiera las pirámides de Egipto o el Monumento del Monte Rushmont (el cual se estima que será la creación humana que más perdurará a lo largo del tiempo). En 1970 Robert Smithson creo la espiral Jetty en el desierto de Utah, una obra que criticaba la comercialización del Arte devolviéndole importancia al proceso de creación más que al resultado final, que acabará por desaparecer en el tiempo. Ya no interesaba plasmar la naturaleza en un soporte sino usar la naturaleza misma como soporte y espacio de creación a través de sus propios elementos.

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Una de las artistas más destacadas de los años 70 es la cubana Ana Mendieta, creadora del concepto Earth-body art. Esta artista usaba la naturaleza y su cuerpo como material y soporte al mismo tiempo, fusionando ambos hasta dar con una intrigante unidad terráquea y uterina en el que el cuerpo regresa al vientre materno y a sus raíces. Un arte feminista en el que el cuerpo de la mujer en su primitiva desnudez se convierte en protagonista (rememorando las pinturas rupestres y el uso de pigmentos naturales), pero también su rastro, su huella y su silueta. El cuerpo ya no es cuerpo sino una parte más del todo que conocemos como naturaleza y el impacto del ser humano en la naturaleza debería ser únicamente este, el de nuestro cuerpo devolviendo a la tierra la energía que nos fue dada.

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Dentro de todo este potente legado, el arte de Honevo parte de la saturación objetual y cuestiona la realidad de nuestro tiempo con respecto a la relación que tenemos con la naturaleza y el entorno así como la influencia de los materiales que nos rodean y de aquellos que ya apenas forman parte de nuestra vida cotidiana, y lo hace desde un punto de vista absolutamente global. El arte Bi-Hemisférico nace de la necesidad de abordar la creación artística desde las consecuencias del impacto medioambiental de los seres humanos sobre el planeta y todos los seres vivos que en él habitan. El arte Bi-Hemisférico aborda la creación artística mediante el uso de todos aquellos materiales que compiten con lo artificial o exclusivamente procesado por el ser humano a diferencia del arte Biónico, que utiliza elementos orgánicos, o como lo llama Honevo: “un arte vivo”. El arte Bi-Hemisférico ha de entenderse como una necesidad holística hacia el entendimiento de la fusión entre arte y naturaleza que engloba todas sus posibilidades a través del uso de fósiles, cortezas, plantas, imanes, piedras o cualquier elemento que provenga de la tierra sin pasar por nuestras manos.

Dentro de la producción de Honevo encontramos los Organic Paintings donde prima el uso de ramas y raíces integradas en el lienzo. Como vemos la pintura se ha convertido en una herramienta secundaria sobre el lienzo dentro de esta tradición pictórica que se apropia del lienzo como soporte. Ahora, el material predominante es un elemento orgánico y perecedero que nos lleva a cuestionarnos qué papel ocupa el mundo vegetal en nuestra percepción estética y cuáles son las barreras que nos impiden considerar a las plantas como elementos artísticos de nuestro entorno.

Otras de las propuestas de Honevo son Bionic Mirrors (una metáfora clara de cómo virar la mirada no hacia nosotros mismos sino hacia el lugar de dónde venimos) y los Magnetic Paintings, donde el cuadro se convierte en un soporte interactivo ya que los imanes pueden moverse invitando al espectador a formar parte de la obra y a tomar conciencia de nuestra influencia activa tanto en la creación artística como en el entorno natural, y trasladando la categoría de objeto artístico a aquellos objetos cotidianos de nuestro día a día como ya hizo Duchamp en su momento, sólo que esta vez el artista nos invita a que nosotros nos convirtamos en creadores.

Siguiendo estas dos líneas donde los imanes y las plantas interactúan de manera cinética, Honevo también ha desarrollado una mezcla de ambos conceptos (Bionic Photography) en las que utiliza pequeños soportes de plástico  imantados en los que se puede verter agua y colocar una planta o esqueje dotando de movilidad al conjunto, ya que se puede deslizar a través del soporte. Considero que el hecho de que Honevo haya elegido el plástico como material no es ninguna coincidencia. Es una manera de resaltar nuestra abusiva producción de plástico y  desechos y que ante todo, las plantas y los seres vivos han de volver a ocupar el primer lugar dentro de nuestra escala de valores y sobre todo, de nuestra realidad cotidiana.

Especies en peligro de extinción, mascarillas para respirar por culpa de la contaminación, pequeñas plantas que nos inundan de vida y nos devuelven a nuestra condición orgánica, la cual implica movimiento y cambio, tomar conciencia. Honevo quiere que reintroduzcamos nuestro origen en este arte vivo y que lo entendamos como parte de nosotros. Que empaticemos y abramos los ojos ante la evidencia de todo el daño que causamos al planeta y de que los recursos no son inagotables.

Además de estas propuestas, Honevo realiza videoarte, performance, Bionic dance (danza con plantas) y está interesado en trasladar estos conceptos a la moda (en su web se pueden ver ejemplos de sombreros y zapatos que integran las mismas cápsulas que sus cuadros donde se pueden introducir plantas). También ha escrito un Tratado sobre el Arte Bi- Hemisférico en el que habla de su percepción filosófica acerca de este arte nuevo que nos llevaría, indudablemente, a armonizar naturaleza, ecología y preservación con la actividad humana en todos sus ámbitos, no únicamente en el ámbito artístico, y así volver a la unidad natural de la que venimos.

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El hecho de que Honevo haya escrito un tratado de Arte es un acto no solamente literario y pedagógico sino también un acto de retorno, casi anacrónico. Los humanistas, como Vitruvio, Alberti o Leonardo recurrían a los Tratados para estructurar, explicar y entender las leyes de las Bellas Artes desde un formalismo incluso científico y a la vez didáctico, pero no hemos de olvidar que lo hacían siempre desde una perspectiva antropocéntrica. Lo que Honevo propone con su Tratado es volver a la imperante necesidad de estudiar las Teorías del Arte y los principios de la Estética como se hacía en la Antigüedad pero desde un punto de vista planetario, en el que el hombre deja de ser el objetivo de estudio para que el arte, la naturaleza, los seres vivos y el planeta, se entienden como lo que realmente son: una unidad indivisible.

 

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Reseña del quinto libro de poemas “La edad de merecer” de Berta García Faet.

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Berta García Faet (Valencia 1988) acaba de publicar su sexto libro de poemas: Los salmos fosforitos (La Bella Varsovia, 2017), un libro que ha de leerse de la mano de Trilce, pues es un fiero homenaje al poemario más célebre del poeta peruano César Vallejo cuyo título todavía hoy despierta confusiones, aunque yo quiero creer que fue aquello de los tres soles en plena vorágine a las puertas de la imprenta, ya que es así como germinan las mejores historias: improvisando. Sea lo que sea, este texto no está destinado a diseccionar los salmos de la joven poeta (que estoy segura darán mucho de qué hablar ya por el simple hecho de abordar un proyecto tan ambicioso, seductor y picassiano, que ya pudimos degustar, desde una intención y fondo distintos, en Obras (Obras con mayúscula) como El sueño de Visnu (El Gaviero Ediciones, 2014) donde David Meza nos agitaba con las Reescrituras (entre otras maravillas y celestes visiones). Cualquier diálogo con los maestros es motivo suficiente para darle cobijo a nuestro desasosiego y crecer en razones y secuoyas, por lo menos. Seguro que Berta ha disfrutado como una niña delante de un cuenco de frutas silvestres recién recogidas del jardín ante semejante aventura diploide.

Pero como venía escribiendo, este texto no tratará de todo este periplo generacional tan interesante cimentado en la interpretación de una obra como motor para la creación de otra a través de un diálogo indirecto (¿o directo?) con los artistas del pasado, sino sobre el quinto poemario de Berta, La edad de merecer (La Bella Varsovia, 2015) donde reina una arquitectura transparente que deja el contenido expuesto a su merced. Esta certeza de saber construir un palacio de cristal, a lo Bruno Taut, pero sin conos ni esferas. Aquí todo son prismas cuadrangulares superpuestos.

I.PRIMERA PARTE DEL LIBRO: LA EDAD DE ORO (Y DE CÓMO UNA JOVEN MUJER CRECE HASTA COMPRENDER QUE SIMEPRE FUE MUJER PORQUE NO LE (NOS) QUEDA MÁS REMEDIO)

Ya desde el inicio vemos una intención clara de abordar a la sexualidad por las trompas: “a los 8 años llegó el peligro/de poder reproducirme” (pág. 15), o “pero si me colmaban/si algún hombre incurable me colmaba/si algún hombre incurable por error me colmaba/huía a desovar/río arriba/sola” (pág. 18). Este es el conglomerado temático que envuelve los primeros cuatro poemas de la sección I.I. POEMAS EN EDAD DE CONSTRUIR (HASTA QUE LO CONFIESAN TODO) donde se respira infancia, menstruación, cambios morfológicos, virginidad y miedo, la primera imagen del sexo opuesto y el ansia adolescente por todo lo que es relativo a nuestro cuerpo: “Querer sexo pero no fiarse” (pág. 20), “paralizada ante el vals y el cunnilingus” (pág. 27).

En los poemas que prosiguen ya vemos un acercamiento diferente, que no tiene tanto que ver a nivel temático sino a nivel técnico y estructural. Una esquematización in crescendo (no sólo en los poemas sino en los títulos y la enumeración de los mismos) que denota una clara devoción taxonómica por lo obsesivamente estructural. Una oda a los dos pilares semióticos: el significado y el significante, que para mí es el epicentro desde el cuál se auto-nutre el poemario. La edad de merecer no trata sobre el amor, las mujeres y los hombres o los hombres y las mujeres, las relaciones y el sexo, los pájaros, la música, el desaliento, la incógnita cretácica de la lejanía fósil o la inquietud del fuego; trata sobre experimentar con el lenguaje utilizando estos temas como eje transversal.

No sólo la presencia numérica es ya de por sí notable, pero sobretodo la jerarquización de los conceptos y versos nos llama la atención desde las primeras páginas, especialmente cuando llegamos al poema  I.II TRECE TESIS PARA LA MEJOR COMPRENSIÓN DE LOS PÁJAROS EN EDAD DE MERECER (pág. 37), una descarada muestra gravitatoria de lo que pesa el flujo de pensamiento (que es infinito, pues siempre un concepto nos lleva a otro y así sucesivamente hasta que decidimos ponerle fin como buenamente podemos) y de lo que cuesta ordenarlo sin deshonrar al desorden. Una muestra de pensamiento filosófico y de reflexiones cuidadas, aunque parezca que se trata de escritura automática o de una cadena de conceptos umbilicales. Aquí un fragmento:

[…]

9.1.4. Sugar Kane Kowalczyk es un pájaro enjaulado. La actriz que interpreta a Sugar Kane Kowalczyk pertenece a una indescifrable especie de pájaros enjaulados que imitan a los dígitos de las operaciones financieras.

9.1.4.1. Nadie conoce a la actriz que interpreta a Sugar Kane Kowalczyk.

9.1.4.1.1. Nadie conoce a nadie en verdad: con ecuanimidad y exactitud, como Gustave Flaubert conoció a su hija, Emma Bovary, nadie conoce a nadie en verdad.

10. El mirlo era blanco hasta que hallé un mirlo.

[…]

Berta enumera los pensamientos; los clasifica como si se trataran de su tesis doctoral y los coloca religiosamente dependiendo de qué otro pensamiento proceden, como si estuviera dialogando con ella misma, ahí dentro, en su cabeza rizada. Jorge Castillo escribe en una reseña del libro (cuyo link podéis encontrar en el blog de Berta) que, a su gusto, hay un cuidado formal excesivo, demasiado pulcro, y que menos pulcritud le conferiría una cercanía y complicidad aún mayor al poemario. En absoluto. Es precisamente esta pulcritud estructural la que le otorga (entre otras características) singularidad y cualidad experiencial al conjunto. No se puede apostar por algo a medias, y además, en la mayoría de los casos, es en la insistencia y en la repetición (bien utilizada) donde aguardan los más tiernos desastres, esos que consuman más que estorbar, dando forma y sentido a los conceptos que deseamos cincelar, no simplemente mencionar.

También quiero destacar el juego entre continente y contenido, otro pilar importantísimo en el poemario. Sugar Kane Kowalczyk no es lo mismo que la actriz que interpreta a Sugar Kane Kowalczyk. Son continentes distintos. El esqueleto del poema no es lo mismo que el contenido del poema. Berta nos quiere dejar claro que son instrumentos y realidades muy distintas. Este juego se repite sucesivas veces a lo largo del libro.

I.II.EL LEGADO DE DAVID FOSTER WALLACE: EL PLACER DE INVENTAR Y REINVENTAR GEOMETRÍAS

A las pocas páginas de este desnudo sistemático lo vi claro. Aquí también se hace tributo a un maestro, y es que Berta García Faet ha querido experimentar (y lo ha conseguido) con diferentes acercamientos técnicos y estructurales que se abren a infinitud de posibilidades dentro de este universo que es la escritura. David Foster Wallace, uno de los escritores más deslumbrantes y geniales de las décadas pasadas, demostró que se puede plasmar con maestría cualquier tipo de situación y representar esa situación mediante la forma, no sólo el contenido. En los textos del estadounidense cohabitan una  atención explícita al continente y una meticulosidad escandalosa y exacerbada del contenido, así como su inconcebible capacidad para describir escenarios e instantes desde una inteligencia desbordante y entrañable. Si Foster Wallace quería escribir un relato sobre una mujer absolutamente insoportable que no deja en paz a su “Sistema de Apoyo” (que no amigas) debido a su depresión crónica, Foster Wallace escribía un relato más insoportable todavía mediante un uso insoportable -tremendamente insoportable-, insoportabilísimo (y magistral) del lenguaje, la persistencia y la repetición. También, en este relato (La persona deprimida) recopilado en Entrevistas breves con hombres repulsivos, Foster Wallace hace uso de interminables (e insoportablemente geniales) notas al pie de página que a veces ocupan más de dos hojas y que nos aturden, descuajeringan, atolondran, hasta obligarnos a volver al último párrafo antes de la nota y retomar la lectura haciendo uso de estas segmentaciones violentas que en realidad, a nivel estructural, no lo son porque son notas adyacentes. O quizá sí. Foster Wallace juega con nosotros. Y Berta también quiere jugar.

En el poema (2) DEDOS DE PIANISTA + LA CARA QUE PUSO LUDWIG VAN BETHOVEN CUANDO LE DIJE QUE QUERÍA ESCRIBIR UN POEMA CON MÁS O MENOS RIMA + POR QUÉ ABANDONÉ LA MÚSICA Y POR QUÉ MENCIONÉ AL MENOS UNA VEZ LA BRISA + SALUTACIÓN OPTIMISTA A LOS SUCESIVOS AMANTES Y AL TÚ LÍRICO QUE SIEMPRE ES PLURAL + SALUTACIÓN CORDIAL A AQUELLA PROFESORA DE SOLFEO (1998-2000) (pág. 23), que ya sólo por el título nos intriga y sorprende, la autora hace uso de tres notas a pie de página al final de los poemas (A), (B) y (C) que sirven para completar el contenido del poema y dar al lector la información justa y necesaria en el momento preciso para que terminemos de entender lo que pasó con aquella profesora de solfeo y las repercusiones de aquel gesto hace ya 17 años que todavía perduran en la poeta como lunares que no alcanzas a ver con tus ojos pero que sabes que están ahí porque te lo han dicho. Este experimentar con los recursos textuales, las repeticiones, las omisiones de información y la precisión a la hora de otorgárselas al lector, las constantes clasificaciones y divisiones sistemáticas de los versos y los títulos extensos, como recién sacados de un formulario burocrático-administrativo hacen honor a los relatos del autor estadounidense fallecido en 2008 guardando un estilo propio y un lenguaje personal. Berta usa estos recursos como esqueleto hacia nuevos océanos y se lanza ella misma a indagar en este mundo de las posibilidades lingüísticas, las cuales encuentran una expresión muy libre a través de una prosa marcada en muchos poemas, fragmentos narrativos que se acomodan entre versos trabajados que no desean apoltronarse en el papel sin la compañía de un paisaje un poco más poblado a través de estos párrafos que carecen de signos de puntuación y existen con una cuidada  presencia en el poema.

Otro ejemplo de estos contrastes lo encontramos en los poemas POEMA SOBRE MIRAR EL CIELO DE NOCHE Y PENSAR COSAS (pág.49) -que se divide a su vez en dos poemas (I.) y (II.) de 10 y 8 versos cada uno- y POEMA SOBRE MIRAR EL CIELO DE NOCHE Y PENSAR EN MUCHAS COSAS (pág.51), donde escribe un párrafo que supera la página, de nuevo sin puntuación excepto por una coma que precede las dos últimas palabras. Otra vez Berta jugando con los extremos. Berta jugando con los continentes y los contenidos, irguiendo arquitecturas semióticas como una niña juguetona, sí. Significados morfológicos o morfologías significantes. Viceversas libres al fin y al cabo.

También los títulos, como ya hemos visto anteriormente, son dignos de atención. En esta aventura salvaje llamada escritura podemos hacer lo que nos dé la gana aunque para ello hacen falta recursos, y Berta perfectamente podría haber titulado el poema de la página 57 CORAZÓN pero ha preferido bautizarlo  POEMA SOBRE LA DIFICULTAD DE SOSTENER EN MIS MANOS UN OBJETO ROJO Y GIGANTE Y ESPESO QUE PODRÍA SER O NO UN ÓRGANO MÁS O MENOS MUSCULAR QUE ACTUA COMO BOMBEADOR PIRAMIDAL DE UN CONJUNTO DE 5 O 6 LITROS DE SANGRE HUMANO EN PROMEDIO Y QUE ES LA SEDE Y EL EJE Y EL FOCO DE LA SUBJETIVIDAD. De nuevo significado y significante teniendo sexo violento con mucho amor. De nuevo esa adictiva obsesión tan característica de Foster Wallace por exprimir los conceptos y significados hasta el máximo, de dotar a las palabras de todo lo que no imaginamos, de una identidad que incluso ellas desconocen. Berta ha captado muy bien este lenguaje y ha pintado estos lienzos con sus propios diccionarios, esquemas y organigramas léxicos: ha construido una deconstrucción invertida a base de una liturgia morfológica, independiente en cada poema.

II.SEGUNDA PARTE DEL LIBRO: HOMBRES Y MUJERES DE CIERTA EDAD (Y DE CÓMO EL DOLOR O EL AMOR O EL DOLOR ES BONITO)

En la segunda parte del poemario, que lleva como subtítulo 6 CARTAS ROMÁNTICAS EN DEFENSA DE FINALES DEL s.XVIII Y PRINCIPIOS DEL s.XIX Berta se nos ha puesto epistolar, pues de qué otra manera podría seguir siendo fiel a esta condición dual suya, tan meiótica e inexorable. Si la primera parte era un compendio de experimentos científico-líricos, la segunda es un viaje al Romanticismo anquilosado en los siglos pasados, a ese género que es la epístola, otra manera de crear un monólogo unidireccional (¿poema? Sí, poema) a través de una cercanía que ahora es más personal. ¿Y por qué? Porque tienen destinatario. Emma, Schmidt, F., Camil C. Stíngă, los corintios y Camil C. Stíngă, y de nuevo Camil C. Stíngă. Estas personas son elementos externos que se cuelan en nuestra lectura creando una atmósfera distinta. Ya no estamos solos con Berta, ahora hay más receptores y eso genera un cambio de atmósfera a la hora de leer el poema. Las direcciones se han multiplicado.

Nos encontramos con una Berta que ahonda incluso más en su pasado y sus experiencias y relaciones. Una Berta más personal que agradece, confiesa, reconoce, expresa y pregona, cual rezo entumecido, todo aquello que quedó por decir. La poesía es su defensa. Un desnudo sincero y expuesto, sin filtros: “si no tengo amor no soy nada” (pág. 97 y 98), “si no tengo amor si no tengo tu amor soy como el tartamudeo de los cactus” (pág. 98).

Esta segunda parte es un gran homenaje al amor, que cierra todo lo anterior, que resume lo anterior (que es todo), que minimiza lo anterior, lo libera lo ridiculiza lo excusa, el amor es lo único que da sentido a todo lo anterior: “solo el amor conecta significante y significado” (pág.97).

Hay mucha tristeza en estas epístolas, en especial a Camil, el vencejo. Una tristeza deliberada, desgarradora y suplicante que ha conseguido dolerme un poquito (sí, lo confieso). Y lo curioso es que sigue habiendo un humor gris que nada tiene de subalterno entre toda esa melancolía agitada: “Emma, por ti traduje un libro feo/de castellano a inglés quedó/ridículo” (pág. 65). Y este fragmento hilarante: “te escribo para decirte que salimos en los poemas de un montón de gente con mucho/talento te he puesto 2/ejemplos anne carson y/alberto acerete de la corte somos/famosos yo solo quería/rememorar algunas cosas quería sacar algunas/conclusiones” (pág. 113). Y como siempre, fiel a la repetición como único molde posible, vueltas y vueltas, ideas y conceptos que Berta ha usado en los primeros poemas del libro reaparecen casi al final, es este círculo concéntrico o espiral migratoria que me parece muy bonito. Como un pájaro. Como los pájaros de sus trece tesis.

También es importante mencionar sus impactos. Esas imágenes tan potentes: “y tú y todo el mundo y yo bailaremos bajo una granizada tóxica de azúcar” (pág. 102) que me dan ganas de bailar a mí también contigo, con Camil C. Stíngă y con todo el mundo; “4.2. Todas las preposiciones son mentira.” (pág. 41); “5.4. Un cuervo es una mota de sombra” (pág. 42); “un mamut recién nacido hace 40.000 años/en la Lejana Península de Yamal/muerto por haber tragado/légamo y arcilla/hasta asfixiarse” (pág. 55). Y más maravillas visuales. Pero no sólo impactos figurativos sino léxicos: frases sin terminar o finales inesperados que nos seccionan en varias mitades, párrafos extensos con un vocabulario muy cuidado seguido de poemas  fragmentados cuyo núcleo es la complejidad a través de la sencillez. En definitiva un libro muy trabajado y sorprendente, emotivo, sangrado y pulido a conciencia, una procesión de patos que vuelan en una V perfecta anunciando los detalles, uno tras otro, que nos aperciben de que la lectura va a más y mejor. Un poemario que me ha tocado. (Sí, lo confieso). Berta. Gracias.

Instantes

¿Qué haríais?

Ayer vi el nuevo Nuevo Testamento, del director belga Jaco Van Dormael. Dios existe y es un viejo violento y misógino que vive enclaustrado en un apartamento en Bruselas. Se dedica a inventar leyes para ver cómo puede empeorar el mundo (como por ejemplo: Ley #1567: Cuando se te cae una tostada, siempre lo hace por el lado de la mermelada. O Ley#3221: La cola de al lado siempre va más rápido que la tuya. O Ley#1459: El teléfono siempre suena justo después de meterte en la bañera. Y cosas por el estilo). Su hija de diez años decide colarse en su habitación y enviarle a todos los habitantes del planeta su fecha de defunción, así que ya podéis imaginar lo que ocurre:

La gente detiene sus vidas por un instante y reflexiona. No hay mas guerras. Algunos continúan con sus vida como si nada hubiera pasado pero otros dejan de ir a trabajar y comienzan a hacer otras cosas.

Hay un momento de la película en el que Dios habla con un cura que acoge y alimenta a mendigos e inmigrantes uzbekos y kazajos. Le dice algo así como: «Tú eres una buena persona ¿eh? Pues yo he creado todo lo malo de este mundo. ¡Sí, he sido yo. Yo! ¿Recuerdas a aquella chica? Sí, sí, ¿aquella muchacha tan bonita que te gustaba? Pues fui yo el que hizo que te quedaras cojo por la polio y no pudieras montar en moto para que así ella prefiriera al capullo de la motocicleta del pueblo de al lado». Luego se ríe como un psicópata bronquítico y añade: «Y ¿sabes qué?, esto es una gran mierda porque mi hija ha mandado las fechas de defunción a todo el mundo. ¡Es una gran mierda! Tenía a la gente pillada por los cojones debido a la incertidumbre y el miedo, pero ahora que saben qué día morirán, ya saben qué hacer con sus vidas».

Pues, esta gran verdad es de vital importancia. Más que cualquier otra verdad. Y yo os pregunto:

Si os dijeran que os quedan cinco años de vida, ¿qué haríais? ¿Seguiríais haciendo lo que hacéis ahora? Bueno.

Si conseguimos responder a esta pregunta y nos dejamos de quejar entonces, puede que, inevitablemente y como debería ser, a pesar del dolor y de la incertidumbre contra todo lo impuesto y lo que se supone que debemos hacer, incluso sabiendo que hemos llorado inermes ante aquello que nos despojó de amor con tanta violencia, y con todo lo que supone intentar la vida sin miedo puesto que sólo tenemos esta y ninguna más; si conseguimos apagar un poco la mente y visualizamos aquello que de verdad ansiamos y lo que nunca nos hemos atrevido a hacer por que ahora no es el momento o es que no tengo dinero, porque no puedo, tengo responsabilidades o qué más da, siempre habrá tiempo, quizá mañana, o bueno, quizá en otra vida es que ya sabes que es demasiado tarde, es que estoy muy vieja y estas edades una ya sólo tiene ganas de morir. Bueno.

Si conseguimos acallar la mente, las dudas y los miedos, por un segundo (o tres) y nos imaginamos que ante nosotros se presenta un dios deleznable con barriga y una calva prematura, los dientes amarillos y su aliento podrido de tanto fumar cigarrillos uno tras otro, su correspondiente bata a cuadros manchada de ketchup y con los ojos venosos e iracundos, riéndose a carcajadas diciéndote: te tengo pillada pedazo de cobarde, o te tengo agarrado por los huevos, cabrón miserable, con su sonrisa maltrecha y sus carcajadas insoportables, y le pudiéramos contestar que sabemos que moriremos dentro de cinco años, que somos libres de tomar nuestras propias decisiones; si fuéramos plenamente conscientes de que podemos hacer lo que queramos; si la vida fuera tan simple como esto, durante unos pocos segundos, un pequeño instante de quietud, imaginémoslo:

¿Qué haríais?

 

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Sobrevivirme

                                                                                        A Sartre

Inquisitivo el círculo en su vasta naturaleza
hiende el espacio inanimado del dolor.
Ese vacío que siempre ensancha pues vacío es esto:
un punto recto en nuestras vidas contingentes.

Y así el mar es negro las algas
detenidas muecas de aquello que sobrevive.

Mientras nos sobrevivimos cada mañana cada noche rezamos que todo irá mejor.
Que nuestro círculo es un buen círculo
definido el horizonte como un futuro celestial e inamovible.

¿A fuerza de qué razón se revuelve el insecto? -Se sobrevive- en su círculo esmerilado.
Se autodestruye.
Es más elegante que mi punto recto anhelando la forma o la esencia.
¿Acaso duerme el insecto?
¿Hay dolor en su infinito?

Es un acto deleznable esto de ser humana y no insecto.
Creer que conozco el dolor y adorarlo como a un órgano; esfinge entre las sombras.

El dolor es nada
todo* un insecto.

Integrado el absurdo luego duermo sin saber si duermo.
Las montañas lucen sus crestas; milagro el de la nieve entre cotidianas reiteraciones.
Las camas deshechas los fluidos las esperas… Las moscas.
Recula el presente por si acaso
-se enorgullece- tocándome por dentro.
Sus dedos son lo que teme mi (        ) y aquí el círculo se detiene implacable; comprende que no quiere habitar este cuerpo blando
que sobrevivirme es este silencio insoportable, aunque ya se ha desvanecido.

Cada voz es un acto que colecciono entre las tumbas pero cada comienzo,
otro círculo nefasto.